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miércoles, 31 de julio de 2013

Consultorio Terrícola y una crítica de Antonio Orlando Rodríguez



El escritor cubano-americano Antonio Orlando Rodríguez publicó una crítica imperdible del libro de cuentos de ciencia ficción Consultorio Terrícola, de Alberto Serret, por el tiempo en que se publicó:


Peligroso Terrícola
Antonio Orlando Rodríguez

Mensaje encontrado en una cápsula ambarina, 
de configuración dudosa,
en el reparto habanero conocido como la Puntilla.
...............................

A: Centro de Control de Ganimedes, Marte
DE: Agente Secreto “Abuelo”
ASUNTO: Caso Trespalacios

De acuerdo con las instrucciones recibidas, proseguí vigilando al escritor Alberto Serret y a su esposa, pues aunque Chely no es el objetivo central de mi misión en este planeta, cualquier asunto en el que se halle metido él, ella estará involucrada también hasta el cuello, pues ambos son uña y carne, inseparables, siameses espirituales.
         
 En el tiempo transcurrido entre el anterior reporte y este, todo estuvo tranquilo por acá. Demasiado tranquilo, diría yo.  Cuando ya desesperaba por encontrar nuevas informaciones, me enteré de algo importantísimo.  Acaba de ponerse a la venta un nuevo libro del sujeto de marras, titulado Consultorio terrícola.  Rápidamente me dirigí a la librería más cercana y adquirí el susodicho volumen de relatos.
          
¿Y qué creen que descubro, no más tomarlo en mis manos?  Pues que uno de nosotros, de cuello y corbata, tal y como somos, aparece dibujado en la portada.  ¿Cómo lograron hacerse de imágenes nuestras?  ¿De dónde sacaron el material gráfico?  Por sí o por no, sugiero incluir urgentemente al diseñador, llamado Régulo Cabrera, en la lista de los terrícolas a vigilar.
          
Empecé a leer el libro y al punto me sobrecogió el pánico.  No hay dudas de que el tal Serret al que me ha tocado en suerte controlar es un tipo peligroso.  Cómo, lo ignoro, pero lo cierto es que ha logrado reunir y dar a la publicidad los nombres de las distintas criaturas que habitan nuestro mundo: están todas ahí, no falta una: homocornios, lafartisis, mamisaurios y papisaurios, zéjeles, noctúrbagos e imparalosanes.
          
Pero eso no es todo, lo peor es la perspicacia con que describe nuestro planeta.  Tal parece que hubiera estado allá en múltiples ocasiones.  Lo cual es imposible, claro, pero… ¿Cómo conoce entonces tantos detalles, a veces de una sutileza escalofriante?  ¿Será que algún  traidor le proporciona información de primera mano para que él re-elabore literariamente?
          
Tomemos por ejemplo uno de los cuentos del libro, que se titula Las piernas de Milton.  Pues bien, si revisan ustedes la memoria de la computadora central del distrito N-X-709, verán que allá por el Tercer Ciclo, en el cuarto o quinto período… no recuerdo bien, ocurrió en nuestro planeta un caso similar al que ahí se narra.
          
Y no es esa la única “coincidencia”, no.  El texto del poema que se cita en El vientre de la flor (un relato de un erotismo “¡de anjá!”, como se dice en este rincón de la Galaxia), es una paráfrasis de la Oda V-M-304, del bardo-robot 12-098-MZ.
         
Obviamente son muchas casualidades. Sin pecar de paranoico, me temo que algún noctúrbago ha establecido comunicación con el matrimonio y está vendiendo nuestros secretos.
       
Adjunto ejemplar del libro, para que comprueben que no exagero. Está un poco estropeado por tanto manoseo, pues, aparte de todo, las historias son tan buenas que me las he leído como tres veces. No en balde apareció acá en la lista de obras más vendidas de 1988.
          
Sin embargo, no se alarmen más de la cuenta. La situación es crítica por la fuga de información, pero no tan terrible como parece.  Recuerden que, para suerte nuestra, el libro fue publicado por la Editorial Letras Cubanas con un letrero que dice CIENCIA FICCION, y eso nos sirve de resguardo.  Será interpretado como algo fantasioso, lejano de la realidad, y únicamente unos pocos seres con dos dedos de frente podrán intuir cuanto de cierto hay en sus páginas.

Aun así recomiendo un estudio minucioso del caso y tomar sin más tardanza una determinación.  Si el escritor o su compañera publican otra obra más sobre mundos lejanos y seres de otra naturaleza, ¡quién puede predecir hasta qué punto llegarán sus indiscretas revelaciones!
          
Con la esperanza de que mi relevo llegue en la fecha prevista, se despide, extraterrestremente,
                                     Agente Secreto “Abuelo”




                   

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