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miércoles, 31 de julio de 2013

Dos rostros de la Serpiente Cósmica




Dos rostros de la Serpiente Cósmica
Alberto Serret


La serpiente ocupa un sitio relevante entre los animales sagrados de América. La encontramos por todas partes: lo mismo en la sofisticada imaginería maya, que llamó a su dios y héroe civilizador Quetzatcoalt o Serpiente Emplumada, y creía que en momentos de trascendencia histórica los antepasados divinizados se manifestaban con forma de serpiente, que en los mitos milenarios de los chamanes americanos de norte a sur -quienes conocen el secreto de cómo entrar y salir de mundos inaccesibles al resto de los mortales, cuyas guardianas suelen ser enormes serpientes maestras- pasando por los más humildes ayahuasqueros, indígenas o mestizos, que ven ofidios de intenso colorido presidiendo o animando sus estados de trance.

Algunos estudiosos del tema chamánico la han asociado a la escala celeste o axis mundi, y a las formas serpentinas del ADN. Chevalier y Gheerbrandt se refieren a ella en su Diccionario de Símbolos diciendo que "es femenina y también masculina, gemela en sí misma, como tantos grandes dioses creadores quienes siempre son, en su representación primera, serpientes cósmicas (...) Es un viejo dios primero que encontramos en el inicio de todas las cosmogonías antes que las religiones del espíritu lo destronen".

Si bien en algunos pueblos de tradición del continente americano, la mítica de la serpiente se ha confundido con la del diablo a partir de la penetración de la religión católica, en otros casos continúa intacta su compleja dualidad simbólica, que suele relacionarla con su opuesto, el pájaro, recreando en ocasiones entidades serpentinas que participan de ambas naturalezas.

Amaru:
(Tradición de casi toda América del Sur, en especial de los descendientes colonizados de los antiguos huanca del Perú septentrional)
Es la Boa o Gran Serpiente representativa del cielo, lo infinito, la fertilidad y la unión entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Amaru constituye una de las figuras relevantes de la cultura indígena sudamericana, e inspira no sólo respeto, sino también terror. En algunas definiciones aparece como reptil de descomunales proporciones; en otras, con dos cabezas y dos colas. Se le vincula al río y, en general, a todos los depósitos de agua; también a las cavernas, el subsuelo y las zonas más impenetrables de la selva.

La máxima representante de Amaru es Anaconda, una enorme pitón de piel veteada en verde y negro.

La Madre de Agua:
(Tradición americana y universal)
Se la describe en infinidad de formas, según el país o la región, fundiéndola y confundiéndola con otras entidades. En su Mitología cubana (La Habana, 1986), Samuel Feijóo recoge una notable variedad de tradiciones donde aparece con diferentes aspectos y características... En Brasil es una mujer de larga cabellera, gran belleza y poderes extraordinarios, muy fiel a los suyos, que no admite que se hable mal de “la gente de abajo del agua”, y se la denomina Mae d’agua. En Colombia es una niña bonita con ojos grises de mirada hipnótica. Entre los quichua de la Amazonía se llama Yacu Mama, y es la mismísima madre de los ríos. En el Noroeste argentino aparece en las leyendas con el nombre de Mayuc Mama.

En Cuba es un majá enorme que tiene poderes mágicos. Si bien participa de la naturaleza de los seres inmortales, nadie se atrevería a matarla, porque el que las mata lo paga con su vida. Entre los mitos sobre la Madre de Agua compilados por Feijóo podemos encontrarla como remolino de agua, como majá “con pintas y tarritos”, como majá “con pintas negras y grandes escamas”, con “pezuñas que tiene por el vientre”, como sirena (mitad mujer y mitad pez), como “animal grandísimo, parecido al majá”, etcétera.

Algunos informantes aseguran que se trata de una criatura traída desde África y venerada por los santeros o practicantes de la Regla de Ocha, religión sincrética de origen yorubá. Lo cierto es que uno de los orishas más importantes del panteón afrocubano, la gran madre marina-fluvial Yemayá, cuenta con un avatar que parece emparentarla con la Madre de Agua: Yemayá Mayaleo o Mayalewo.

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