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miércoles, 31 de julio de 2013

Poesía


Alberto, a principios de los años ochenta.



Embriagado

M
e da tanto placer el vino que en la boca
rompe su tremedal de greda transparente,
el vino que, en la lengua, por encima del puente
que hace mi garganta, se vuelve agua de roca;

el vino que me vino del hueco de tu mano,
añejado en un cráneo de mamut o de abuelo.
Me sabe a miel hipnótica su cristal en ciruelo
y a ciruelo exprimido sobre un vientre profano.

Me da tanto placer deglutirlo hasta el fondo
de esta sed apremiante que sigiloso escondo
para que nada ensucie la sustancia o el vino,

el pozo de ámbar dulce que bebo contra el pecho
líquido de la sombra, hecho un demonio, hecho
bestia o dios que eyacula sobre el propio destino.

                         Alberto Serret


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