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miércoles, 31 de julio de 2013

Poesía






Barroca transparencia

De niño yo siempre veía a los marcianos. 

Entraban a la casa atravesando las paredes 
y se escondían bajo las mesas
o detrás de un armario. Con sus rostros insólitos, 
con sus manos azules,
con sus cráneos astados, con sus vientres de mimbre. 

Luego, cuando ya se habían ido, 
yo corría a contarle a mi madre;
pero sé que ella nunca me creyó, nunca me creyó...

          Al pasar de los años me vi crecer del pubis 
una flora terrícola,
aprendí a masturbarme y a desconfiar del prójimo; 
supe amar como nadie,
sin discreción, sin mancha: amé como un bendito 
a hembras y varones,
encima o debajo de las camas, encima o debajo de mí mismo.
    
      ¿Y los marcianos? 
Siempre ahí, latiéndome por dentro.  Profundos.  Vigilantes. 
Yendo y viniendo a ratos,
condimentando el mundo sin que nadie los vea.

Ni siquiera mi madre, que no quiere creer en ellos todavía.

                               Alberto Serret


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