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jueves, 1 de agosto de 2013

Poesía




      Pintura de Jan Lievens  (Retrato de hombre joven), National Gallery of Scotland






Animales de fuego distante

Ni siquiera te atreves a pasar por la acera
donde estuviste un día pendiente de mis ojos
(demasiadas esposas, padres, hijos, hermanos,
lo supe desde siempre); ni siquiera ya puedes
sonreír si de pronto coincidimos
en un parque, en un baño público, en Correos.

Sólo atinas a huir: huir como un estúpido
            cordero de la sombra que atina sólo a huir
de las cosas que un día temblaban en sus manos.

Huyes, y hay techos cómplices, y cómplices gargantas,
y el ojo desolado te percibe a lo lejos
como un gamo furtivo que se diluye en cieno.

¿A quién le explicarás que te prohibiste
tocar a nuestra puerta?  Porque, sin duda alguna,
ya no te atreverás:
            no vendrás a saldar tus dudas con los bordes
de aquel paño carnal que solía envolverte,
habituado al sudor de madonas y arcángeles.

¿A quién le explicarás que te has prohibido
calentarnos la cama, moverte en nuestros brazos

como un pez en la red que sabe sus secretos?

                  Alberto Serret

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