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viernes, 23 de agosto de 2013

Poesía




                                   Pez-loro  (Cultura Mesoamericana)
                                   The Museo de Sitio Caja de Agua in Tlatelolco         





Presencia del agua

Otro año acaba de entrar en escena
acogido por salvas de cañón, fuegos artificiales
y andanadas de plomo que simulan
extrañas grabaciones de música underground.

Mi madre está a mi lado, mayor que de costumbre,
con sus nudos de agua decapitada
rielando en el petróleo de la medianoche.

El agua de borrajas que supuras,
                        Madre,
y las tantas ausencias
sobrenadan en el abrazo mutuo,
o acaso se deslizan hacia el fondo
procurando evadir nuestro contacto.

Te permito que rompas el coco frente a casa
según indica la vieja tradición;
pero a ésa, el agua insípida,
la gran sierva potable y lavandera,
no la arrojes, por Dios, déjala con nosotros;
no la tires, concédele
seguir participando de nuestra intimidad.
Gracias al agua el dolor me ha diluido
a veces (sólo a veces)
por el turbio contorno de tus párpados.
Deja al agua en la bilis, en la albúmina,
aquí, junto a nosotros, como al pan,
                                    como al gato,
                                    como al murmullo suave
de cada objeto mínimo
donde el hombre ha dejado su contacto indecible.

Escucha,
si echas afuera el agua, si la echas afuera
por culpa de una simple tradición herrumbrosa
qué será de la ira del jabón frente a la mugre,
qué del invierno afín, si es que se cuela
con sus inusitados chaparrones;
y de las ubres mansas, y del simún de antaño,
y del mundo cubista que pinté sobre el playwood
para adornar el crudo realismo de tu sala.

Deja el agua en nosotros:
que ruede
y que se empoce,
                        que arda
en el trazo de miel, en la añoranza
de líquidos cimbreantes;
en la orina o el pus,
en sudores o en lágrimas,
en el semen y el kama-salila,
y en la sangre que rueda por dentro, intransferible.

Anda,
            Mamá
(y perdona
que rompa tus esquemas);
ve y descorcha la luz o el vino tinto
y brindemos con todos por el agua.


Alberto Serret

        Santiago de Cuba, 1973



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