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sábado, 28 de septiembre de 2013

Poesía




  Maurice Greiffenhagen  (Sirena)





No hay que olvidar la muerte de los peces...
            Salen a flote en densas pulsaciones de plata
como un gran desarraigo de edificios corales.
            La luna los rebaña con su luz imprudente
(cadáveres, cadáveres, residuales de agallas,
ojos de pez que suben a mirarnos como en manso reproche).
            
Una secta abisal los empuja al suicidio;
entre las espeluncas y las bolsas de aire, un dios
de vida líquida y Biblia bajo el brazo
los fecunda y los mata. Peces muertos que llegan
a echar su pobre muerte junto a los botecitos
donde los pescadores tienden su red al agua.
            
¡Alertas!, marineros, delfines de la costa:
se pudren los pequeños animales del fondo.
Y ningún diario del mundo recoge
la auténtica razón de tamaña catástrofe;
las emisoras de radio se limitan a cubrir
con paños de silencio la noticia;
los aviones atrapan en sus cámaras negras
flotillas recubiertas con escamas de pez
y rumbos sepultados en la superficie.
            
¡Alertas!  Las raíces humanas agonizan
a la luz de una luna tan sospechosamente
redonda y alumbrante como el ojo de un cíclope.
            
Nos estamos quedando sin el signo de Piscis,
sin el brillo incesante de sus constelaciones.
            
No hay que olvidar la muerte de los peces.

Alberto Serret
                Santiago de Cuba, Diciembre de 1978
              /La Habana, Enero de 1988





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