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domingo, 24 de noviembre de 2013

Poesía




 Omar Galliani






Acuario

El aguador se acerca con su cántaro lleno
y lo escancia en tus labios para calmar la sed;
pero la sed florece...  El aguador, sereno,
se va al río a por agua y le arroja una red

y vuelve con su cántaro que casi se derrama,
y lo vierte en tu pecho, servicial, anheloso.
Pero a la sed le salen raíces...  Ya nervioso,
el aguador exprime el fruto de una rama,

riega el zumo en tu vientre...  Pero la sed se agita
y muerde la garganta seca como una roca,
amenaza cubrirte, sube a tu lengua y grita.

El aguador se agacha y, en su exasperación,
vierte sobre tu cuerpo los jugos de su boca.
Y es peor el remedio -ah, qué imprudencia loca-:

porque ahora la sed te inunda el corazón.

                          Alberto Serret




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