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jueves, 15 de junio de 2017

Abuelo

Miniatura persa




Abuelo


Dios era ciego y le nació Mahoma
de las gotas de un cálamo que goteaba resina.
            Fue una noche materna, del mes de Ramadán,
en el año 609; aquella noche lúdica
cuando los astros fundieron sus ancestros
sobre la piel trigueña de un arcángel
con alas de humo y mirra y el alfanje en la diestra.
            Hasta entonces el vórtice había sido
sólo una piedra negra
que ponía y quitaba su verdad relativa
en el templo Kaaba.  Ahora fue, de repente, el sacrificio,
el tener que irse hacia otras tierras,
y la esperma y el filo de una fe 
que ondeaba como un pañuelo tinto
en sangre de los nuestros.  Después todo sería
prolongarla y asirla de oruga en oruga, de minuto en minuto
hasta el pequeño horcón que apuntalaba el pecho:
tu pecho de aguapura, tu pecho de emigrante...
            Sin duda te siguieron Gabriel y algunos d’jinns
que adoraron la luz chirriante del Caribe.
            Así, cruzaste el mar.  Cruzaste mar y huesos. 
Y cada nuevo paso revolvía tus vísceras,
ya ajenas al Hadith de la tierra natal
y al viento del Sahara soplando en la distancia.
            La muerte se venía, nerviosa, entre tus carnes. 
Se hizo de amargor y frío entre la dulcedumbre
con que solías hundir los dedos en mi pelo.
            De pronto te me ibas hacia un lugar de insomnio,
seguido por una extraña caravana:
moros, chinos, haitianos,
emigrantes de España y emigrantes del miedo.
            La luz se escurría silenciosamente,
y el oro prometido en tierras de Colón
se escurría también; se escurría como agua
o arena entre tus manos.  Sólo que,
abuelo Salomón -abuelo Chiquito-
olvidaste el alfanje de tu ángel de la guarda,
que aún me clava en el centro
unas ganas tremendas de volver al pasado
de donde me trajiste.  Su filo mueve todo,
con fuerza, en el desierto de esta gran desazón: 
dunas, palabras, lámparas de Aladino,
copas de oro, mezquitas, la sombra,
el gran misterio
que cerró con tus ojos los ojos de Mahoma.


                                    Alberto Serret, La Habana, 1983




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